Yo le llamé "La Inglesa". Nadie nos presentó. La encontraba a diario en el mismo banco con la mirada perdida. No le hizo falta posar para mí. Su locura recorría su cuerpo y su mirada, haciéndola ciega a cualquier extraño que pudiera estar junto a ella. Seguramente ya habrá fallecido... Su recuerdo acompaña mi casa.
